Una segunda oportunidad de alto riesgo en el mar
Este mes, Malasia confirmó que reiniciará la búsqueda en aguas profundas del vuelo MH370 de Malaysia Airlines, programando el inicio de la operación para el 30 de diciembre, más de once años después de que el Boeing 777 desapareciera el 8 de marzo de 2014. En lugar de limitarse a barcos de superficie o a la búsqueda de restos de forma ad hoc, el nuevo esfuerzo se apoyará en una flota de robots oceánicos de fabricación estadounidense: sistemas autónomos y operados a distancia que pueden cartografiar, obtener imágenes e inspeccionar el lecho marino profundo a resoluciones que no estuvieron disponibles en las primeras búsquedas.
La operación renovada
El anuncio marca un relanzamiento tanto simbólico como técnico. En años anteriores, gobiernos, contratistas comerciales y equipos de voluntarios recorrieron vastas franjas del sur del Océano Índico con sonares remolcados y barcos, y una empresa privada montó una búsqueda basada en robótica en 2018. Esos esfuerzos establecieron la magnitud del desafío —enormes distancias, aguas profundas y un lecho marino extremadamente accidentado y mal cartografiado— y aportaron lecciones importantes sobre cómo utilizar los activos robóticos de manera eficiente. Esta nueva campaña intentará aplicar la última generación de robótica submarina y procesamiento de sensores a un área de búsqueda más estrecha y refinada, fundamentada en los análisis oceanográficos y satelitales acumulados durante la última década.
Robots y sensores submarinos
Lo que se quiere decir cuando se habla de "robots oceánicos" es un espectro de vehículos e instrumentos. En la vanguardia se encuentran los vehículos submarinos autónomos (AUV): robots con forma de torpedo que planean de forma preprogramada a pocos metros del lecho marino, barriendo grandes extensiones con sonares de barrido lateral y ecosondas multihaz para crear imágenes y batimetría de alta resolución. Cuando un AUV localiza un objetivo, se puede enviar un vehículo operado remotamente (ROV) mediante un cable umbilical para realizar una inspección visual en directo y tomar muestras. Complementando a estos, existen sistemas de sonar de apertura sintética remolcados para imágenes de escala fina, magnetómetros para detectar restos ferrosos y sensores químicos que pueden buscar rastros de combustible de aviación o fluidos hidráulicos.
Técnicamente, las ventajas son evidentes: los robots pueden operar a mucha más profundidad que los buceadores humanos, permanecer sumergidos durante largas horas sin riesgo para las tripulaciones y realizar patrones de prospección consistentes y repetibles que revelan anomalías sutiles en un terreno que, de otro modo, sería caótico. Los sistemas modernos también cuentan con equipos de navegación de mayor ancho de banda —navegación inercial corregida por registros de velocidad Doppler y posicionamiento acústico— que reducen la deriva y la incertidumbre en la localización que afectaron a los estudios anteriores.
Desafíos técnicos de la ciencia forense en aguas profundas
A pesar de los avances, encontrar un naufragio a varios miles de metros de profundidad sigue siendo enormemente difícil. El Océano Índico en las zonas de búsqueda no es un abismo plano: es un paisaje accidentado de crestas, cañones y laderas de talud que dispersan los retornos del sonar y ocultan los restos dentro de una topografía compleja. El sonar de barrido lateral produce imágenes que deben ser interpretadas por analistas experimentados; las rocas, las emanaciones de metano y los desechos antropogénicos producen ecos que pueden imitar fragmentos de aeronaves.
La autonomía y la cobertura son una segunda limitación. Una sola misión de un AUV cubre un corredor limitado —decenas de kilómetros cuadrados como máximo— y la batería, el alcance de los sensores y el tiempo necesario para recargar o recuperar los vehículos imponen límites prácticos a la superficie que puede buscarse en una temporada determinada. Esto impulsa un enfoque de dos etapas comúnmente utilizado en búsquedas profundas: un mapeo de área amplia y menor resolución para encontrar objetivos de interés, seguido de pasadas enfocadas de alta resolución e inspección con ROV de las anomalías prometedoras.
Finalmente, el perfil de las pruebas de una aeronave es variable. Algunos campos de escombros están muy dispersos; en otros casos, un fuselaje mayoritariamente intacto emite rastros acústicos de los registradores de a bordo solo durante un corto tiempo. Los artefactos físicos —fragmentos de composite, elementos de fijación, pintura— son las pistas más duraderas, pero recuperarlos en aguas profundas es un trabajo lento y costoso que requiere una localización precisa.
Qué aportan los robots a la búsqueda
En manos de equipos experimentados, los robots modernos cambian la relación coste-beneficio de estas tareas. Los vehículos autónomos pueden generar mapas batimétricos detallados que simplemente no estaban disponibles durante la búsqueda multinacional inicial, ayudando a los planificadores a descartar pistas falsas rápidamente. Las herramientas de procesamiento de imágenes y aprendizaje automático se utilizan cada vez más para señalar posibles firmas de restos en mosaicos de sonar, priorizando las anomalías para su inspección directa. La magnetometría puede revelar concentraciones metálicas bajo el sedimento donde los sensores ópticos no pueden ver. En conjunto, estas capacidades hacen que la búsqueda sea más sistemática: menos kilómetros cuadrados omitidos, una clasificación más rápida de los contactos y una cadena más clara desde el mapeo hasta la recuperación.
Intereses humanos y política
La ambición técnica convive con poderosos imperativos humanos y políticos. Las familias de las 239 personas a bordo han pasado más de una década sin respuestas definitivas. Para las autoridades e investigadores de aviación, una localización confirmada de la estructura del avión permitiría análisis que podrían resolver preguntas persistentes sobre los últimos minutos del vuelo, mejorar las recomendaciones de seguridad para el rastreo de largo alcance e influir en cómo se coordinan las tareas de búsqueda internacional en futuros incidentes.
Al mismo tiempo, cualquier reinicio de la búsqueda conlleva una sensibilidad política. Los esfuerzos anteriores requirieron coordinación transfronteriza: permisos diplomáticos, repositorios de datos compartidos y licitaciones para buques y equipos especializados. La participación de robots de fabricación estadounidense señala tanto el nivel técnico de los activos como el tipo de cooperación técnica internacional necesaria para organizar una operación de este tipo.
El camino por delante
La secuencia práctica para las próximas semanas probablemente será familiar para los oceanógrafos y equipos de salvamento: una fase de mapeo y reconocimiento utilizando AUVs y sondas remolcadas para construir una imagen del fondo marino de alta resolución, procesamiento automatizado para identificar anomalías y, luego, inmersiones dirigidas de ROV para confirmar visualmente si un contacto de sonar son restos del avión. Si los equipos localizan escombros, se elaborarán planes de recuperación o muestreo; si no, la campaña servirá para refinar el mapa del área de búsqueda para futuros esfuerzos.
Independientemente del resultado, la búsqueda renovada subraya cómo la oceanografía robótica ha pasado de ser una investigación de nicho a una capacidad esencial para el trabajo forense marítimo. Los robots otorgan a los investigadores la capacidad de mirar donde los humanos no pueden y de recopilar datos que serán reinterpretados dentro de décadas a medida que evolucionen los métodos y modelos.
Para las familias que han esperado más de diez años, y para las comunidades científicas de la aviación y el océano en general, el despliegue de estos robots representa un último intento, tecnológicamente sofisticado, de responder a una pregunta muy humana: ¿qué le pasó al MH370? Las próximas semanas pondrán a prueba si la robótica submarina moderna —combinada con modelos de búsqueda refinados y cooperación internacional— puede finalmente cerrar un capítulo que ha permanecido abierto durante demasiado tiempo.
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