Carteles en el metro, un paquete de 30.000 dólares y promesas de un hijo más inteligente y alto
La campaña cristaliza una nueva fase en la tecnología reproductiva: empresas que combinan la secuenciación del genoma completo, el aprendizaje automático y las llamadas puntuaciones poligénicas para indicar a los padres cuál de sus embriones de FIV tiene la mayor probabilidad predicha de ciertos resultados de salud o rasgos visibles. La oferta se sitúa entre las pruebas genéticas preimplantacionales tradicionales, que buscan trastornos monogénicos y anomalías cromosómicas, y la idea mucho más controvertida de editar el ADN de los embriones.
Qué venden las empresas y qué pueden ofrecer de forma creíble
Nucleus anuncia un programa "IVF+" —un servicio combinado que incluye la secuenciación de ambos progenitores y de hasta 20 embriones, generando puntuaciones poligénicas que clasifican a los embriones en decenas o cientos de rasgos. No es la única. Silicon Valley y otros centros neurálgicos albergan ahora varias empresas que ofrecen el cribado poligénico de embriones, desde firmas que se posicionan como herramientas de reducción de riesgos de enfermedades hasta otras que afirman explícitamente que la estatura o el rendimiento cognitivo pueden formar parte de la conversación.
En la práctica, existen límites técnicos claros. Las puntuaciones poligénicas agregan los efectos minúsculos de muchas variantes de ADN para estimar la predisposición genética de un individuo a un rasgo, pero esas estimaciones son probabilísticas y ruidosas. Para muchas afecciones médicas, la señal es débil y depende de la ascendencia, el contexto ambiental y la calidad de los estudios genéticos subyacentes. Para rasgos conductuales como la inteligencia, las mejores estimaciones actuales sugieren que cualquier aumento logrado al elegir entre un puñado de embriones se mediría en unos pocos puntos de CI como máximo —y esos puntos están lejos de ser deterministas—.
Investigadores y clínicos que estudian la genética reproductiva enfatizan dos limitaciones adicionales. En primer lugar, la mayoría de los grandes estudios genéticos se han realizado en personas de ascendencia europea; las puntuaciones construidas a partir de esos conjuntos de datos funcionan mal cuando se aplican a individuos con ascendencias diferentes. En segundo lugar, las variantes genéticas suelen tener efectos pleiotrópicos: una variante que reduce ligeramente el riesgo de un trastorno puede aumentar el riesgo de otro, lo que crea dilemas que son difíciles de predecir o de presentar con claridad a los futuros padres.
Críticas, reguladores y la política del marketing
Los anuncios en el metro provocaron una rápida reacción de investigadores en genómica y bioeticistas, quienes calificaron las afirmaciones de engañosas y el tono del marketing de irresponsable. Científicos de centros de investigación consolidados, incluido el Sanger Institute y algunos centros médicos académicos, denunciaron públicamente lo que describieron como una exageración de lo que la predicción poligénica puede ofrecer y una simplificación de las incertidumbres de la ciencia.
Los críticos utilizan palabras como "uso indebido de la ciencia" y "aceite de serpiente" para describir a las empresas que empaquetan resultados estadísticos tempranos a nivel de población en productos de consumo destinados a seleccionar embriones. Esa preocupación no es solo científica sino ética: seleccionar embriones basándose en puntuaciones probabilísticas plantea interrogantes sobre la destrucción de embriones viables, el acceso desigual a estos costosos complementos y la posibilidad de un mercado que normalice la elección de hijos mediante métricas predictivas en lugar de tratar la reproducción como un proceso abierto e incierto.
El mosaico de regulaciones complica aún más las cosas. Algunas empresas emergentes han estructurado sus condiciones de servicio para evitar operar donde se requieren licencias específicas. Al menos una firma reconoció en materiales públicos que no podía aceptar ADN de ciertas jurisdicciones debido a las normas de concesión de licencias. En muchos países, las leyes y directrices profesionales que rigen para qué se pueden utilizar las pruebas de embriones van por detrás de la tecnología, creando un vacío que las empresas y los primeros usuarios adinerados están llenando.
De dónde vienen el dinero y el impulso
La inversión es un motor principal. El capital de riesgo y adinerados inversores individuales han financiado empresas que prometen ampliar la FIV, pasando de ser un tratamiento de infertilidad a una optimización genética deliberada. Esa financiación acelera la investigación, los lanzamientos comerciales y las campañas promocionales, pero también plantea un conflicto: las firmas con incentivos para ampliar los mercados pueden minimizar los límites y exagerar la certeza de sus predicciones.
Edición genética frente a selección: dos futuros diferentes
Junto a la selección de embriones, una línea de actividad independiente busca editar el genoma de los embriones: cambiar el ADN en lugar de elegir entre embriones existentes. La edición es técnicamente más compleja, éticamente más arriesgada y, en muchas jurisdicciones, está legalmente restringida o efectivamente prohibida. No obstante, algunas empresas bien financiadas están aplicando enfoques de corrección genética en animales y planificando trabajos preclínicos que, de tener éxito y ser permitidos, acabarían trasladándose a embriones humanos.
Selección y edición no son lo mismo: la selección simplemente clasifica los embriones existentes con variación genética natural, mientras que la edición alteraría el ADN hereditario de un descendiente. Ambos plantean preguntas difíciles, pero la edición intensifica las preocupaciones sobre los efectos no deseados, la alteración de la línea germinal y el umbral moral para realizar cambios que se transmitirán a las generaciones futuras.
Qué podrían hacer a continuación los padres, los clínicos y los reguladores
Por ahora, la consecuencia inmediata es social y clínica: clínicas y empresas emergentes ofrecen opciones que muchos futuros padres encuentran atractivas porque prometen cierto control sobre el riesgo y el resultado. Para las familias con antecedentes de enfermedades monogénicas devastadoras, las pruebas genéticas y la selección ya pueden marcar una diferencia clara y medible. Para los rasgos estéticos o conductuales, la ciencia está mucho menos consolidada.
Varios caminos podrían ayudar a gestionar la transición. Las clínicas pueden restringir lo que ofrecen y exigir pruebas independientes más claras antes de traducir las estimaciones poligénicas en recomendaciones clínicas. Las sociedades profesionales pueden actualizar las directrices sobre qué rasgos es apropiado cribar y cómo deben comunicarse los resultados. Los reguladores podrían exigir estudios de validación independientes y una mejor divulgación de la incertidumbre predictiva. Y el debate público debe considerar los efectos sociales: quién tendrá acceso a estos servicios, cómo influye la selección en las nociones de responsabilidad parental y si la normalización de la elección genética corre el riesgo de revivir ideas históricas sobre la eugenesia bajo una lógica comercial moderna.
Mientras tanto, los brillantes carteles del metro y los eslóganes dramáticos no alterarán un hecho científico básico: los genomas proporcionan probabilidades, no garantías. Cómo elija la sociedad interpretar y actuar sobre esas probabilidades será la prueba —y el desafío— de los próximos años.
Fuentes
- Sanger Institute (comentarios sobre investigación genómica)
- Harvard Medical School / Dana‑Farber Cancer Institute (expertos académicos)
- University of Utah (comentarios sobre genómica y ética)
- Stanford University (investigadores de FIV y bioética)
- medRxiv preprint (estudio de validación de la empresa sobre métodos de selección de embriones)
- JAMA Network y literatura revisada por pares sobre anomalías cromosómicas y aborto espontáneo
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