Tras 137 años, regresa un misterio familiar
A principios de 2025, una afirmación de gran repercusión aterrizó en el escritorio de un antiguo caso que ha fascinado a generaciones: un pequeño equipo que trabaja con un chal de seda de propiedad privada afirma que el material genético extraído de la tela vincula la prenda tanto con Catherine Eddowes, una de las víctimas de 1888, como con Aaron Kosminski, un inmigrante polaco que en su día fue señalado como uno de los principales sospechosos. El anuncio reavivó la larga historia de que los notorios asesinatos de Whitechapel finalmente tienen una respuesta científica y, con ello, un intenso debate sobre lo que la genética forense puede demostrar legítimamente en casos de hace un siglo.
Qué dicen haber encontrado los investigadores
La afirmación se basa en dos elementos. En primer lugar, los analistas informan de que las manchas de sangre en el chal contenían ADN mitocondrial (ADNmt) compatible con la línea materna de los descendientes de Eddowes, un hallazgo que el equipo presenta como prueba de que la tela estaba en la escena del crimen. En segundo lugar, se informó de que una mancha de semen en la misma pieza de tela compartía marcadores de ADNmt con descendientes de las parientes femeninas de Aaron Kosminski, lo que los investigadores interpretan como un vínculo entre el sospechoso y la prenda. Esas conclusiones fueron difundidas por el historiador propietario del chal y por los científicos implicados.
Por qué muchos genetistas e historiadores siguen sin estar convencidos
Los especialistas forenses se han apresurado a señalar las limitaciones tanto de las pruebas como de la interpretación. El ADN mitocondrial se hereda por línea materna y carece del poder de identificación individual del ADN nuclear; puede excluir a sospechosos, pero rara vez demuestra la identidad por sí solo, ya que muchas personas no emparentadas pueden compartir el mismo perfil de ADNmt. Los investigadores también advierten de que la procedencia del chal es incierta: no aparece en los inventarios policiales de la época y ha sido manipulado por múltiples personas a lo largo de muchas décadas, lo que aumenta el riesgo de contaminación moderna. Estas y otras preocupaciones metodológicas significan que las coincidencias comunicadas al público no constituyen, por sí solas, una prueba definitiva.
Un artículo publicado y una advertencia formal
Cadena de custodia y contaminación: el eslabón débil
Dos problemas prácticos impulsan gran parte del escepticismo. En primer lugar, la procedencia histórica importa: si no se puede demostrar firmemente que el chal estuvo en la escena del crimen la noche en cuestión, las coincidencias de ADN con personas asociadas al caso podrían carecer de sentido. En segundo lugar, la contaminación es un peligro real en los textiles antiguos; incluso pequeñas cantidades de ADN moderno pueden anular o imitar las señales históricas. Los críticos señalan que el chal se manipuló de forma informal durante años, a veces por descendientes que más tarde proporcionaron ADN para la comparación, lo que complica cualquier afirmación de que una coincidencia refleje una transferencia del siglo XIX en lugar de un contacto más reciente. En resumen, se necesita tanto una cadena de custodia segura como registros moleculares incontrovertibles para establecer un vínculo fiable; esa combinación falta actualmente.
Presión legal y la petición de cierre
Más allá de los argumentos académicos, la afirmación ha provocado llamamientos de los descendientes para reabrir los procesos legales. Familiares de Eddowes y partidarios de la investigación han pedido a las autoridades que consideren una nueva investigación judicial y que identifiquen formalmente a Kosminski como el asesino, en parte por razones humanitarias, para ofrecer un cierre simbólico a las familias. Sin embargo, política y legalmente, la exhumación, las investigaciones y las identificaciones retroactivas requieren un alto umbral de pruebas admisibles, y los fiscales históricamente declinan actuar cuando el nuevo material es cuestionado o cuando la cadena de evidencias está incompleta.
Lo que las pruebas tendrían que demostrar
Si el caso quiere ir alguna vez más allá de los titulares polémicos, tres elementos reforzarían drásticamente la afirmación: la publicación transparente de los datos de secuenciación brutos y los registros de laboratorio para que otros equipos puedan reproducir los resultados; pruebas independientes de cualquier material tomado del chal utilizando métodos diseñados para detectar y cuantificar la contaminación; y documentación histórica que corrobore la presencia del chal en la escena bajo registros fiables y contemporáneos. A falta de esos elementos, las coincidencias de ADNmt siguen siendo sugerentes pero no decisivas.
Por qué importa este debate
A primera vista, se trata de una disputa de nicho sobre un artefacto y un asesinato de hace un siglo. En realidad, ilumina cómo interactúan la ciencia forense, la historia pública y el periodismo: los avances en el análisis de ADN potencian nuevas posibilidades para el trabajo en casos antiguos, pero también crean tentaciones legítimas de sobreinterpretar señales ambiguas. El caso de Jack el Destripador tiene un intenso peso cultural, y esa gravedad mediática puede amplificar las afirmaciones antes de que se completen las comprobaciones técnicas. Este episodio es un recordatorio de que la ciencia forense debe cumplir tanto con la transparencia científica como con el rigor histórico antes de que se pueda decir que los viejos misterios han sido resueltos.
Conclusión
Los anuncios recientes han devuelto la atención a la hipótesis de Aaron Kosminski, y sus defensores sostienen que los vínculos de ADNmt en el chal apuntan al barbero sospechoso desde hace tiempo. Sin embargo, las coincidencias mitocondriales, la procedencia no resuelta y una expresión de preocupación de la revista científica hacen que la opinión forense e histórica mayoritaria se mantenga cauta. Por ahora, la afirmación es un avance intrigante más que un hecho establecido: un estímulo para presionar en favor de los datos abiertos, la repetición rigurosa de las pruebas y una separación cuidadosa entre una narrativa esperanzadora y lo que las moléculas muestran de forma demostrable.
Mattias Risberg es un reportero basado en Colonia que cubre ciencia y tecnología para Dark Matter. Tiene un Máster en Ciencias Físicas y experiencia en periodismo basado en datos sobre métodos forenses, política espacial y cadenas de suministro de semiconductores.
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