Los robots descienden a la lava: una prueba para futuras bases lunares
El 2 de febrero de 2026, un consorcio de investigación europeo publicó resultados que muestran que equipos de máquinas autónomas pueden explorar y cartografiar las oscuras y empinadas entradas de los tubos de lava, una capacidad resumida en la sencilla frase: los robots descienden a la lava. En pruebas de campo en la isla volcánica de Lanzarote, los científicos demostraron un sistema coordinado de tres robots que, en conjunto, cartografían claraboyas, lanzan paquetes de sensores, descienden un rover explorador mediante cables al interior de las cuevas y producen modelos 3D densos de los interiores. El experimento, descrito en un artículo de Science Robótica de 2025 y liderado por socios que incluyen el Laboratorio de Robótica Espacial de la Universidad de Málaga y el Centro Alemán de Investigación en Inteligencia Artificial (DFKI), plantea los tubos de lava en la Luna y Marte como objetivos realistas para futuros hábitats protegidos.
los robots descienden a la lava: arquitectura y fases de la misión
El concepto es deliberadamente sencillo en su esquema y avanzado en su ejecución: la misión se desarrolla en cuatro fases autónomas que encadenan robots heterogéneos. Primero, los vehículos de superficie cooperan para crear un mapa de reconocimiento del terreno alrededor de una claraboya o entrada de cueva e identificar puntos de anclaje seguros. Segundo, se lanza al interior de la abertura un pequeño cubo de carga útil sensorizado para registrar la temperatura, el polvo, el ruido sísmico y la iluminación; una forma ligera de obtener datos ambientales de primera mano sin comprometer a un vehículo pesado. Tercero, un rover explorador desciende mediante un cable o equipo de rapel para deslizarse por el pozo y, por último, el equipo realiza una exploración interior extendida para generar reconstrucciones 3D a escala centimétrica de los pasajes.
Cada fase aborda un peligro diferente: el reconocimiento de superficie minimiza el riesgo para el módulo de aterrizaje principal; el cubo de sensores reduce la posibilidad de enviar un vehículo con ruedas a condiciones letales; el explorador de rapel sortea caídas verticales y entradas estrechas; y el mapeo cooperativo multibot cubre rangos más largos de lo que podría un solo rover. El enfoque se basa en la autonomía moderna —localización y mapeo simultáneos (SLAM), planificación de trayectorias colaborativa y comportamientos tolerantes a fallos— para que los sistemas puedan actuar sin supervisión continua desde la Tierra cuando las comunicaciones se retrasan o se pierden.
los robots descienden a la lava: pruebas de campo en Lanzarote
El equipo validó la cadena de comportamientos en los análogos de tubos de lava de Lanzarote, una isla volcánica cuyas cuevas se aproximan a muchas de las características que los ingenieros esperan encontrar en la Luna: basalto quebradizo, escombros afilados, entradas de claraboyas y desniveles pronunciados. Las campañas de campo en 2023 y el trabajo de laboratorio posterior demostraron que la arquitectura general funciona de principio a fin. Los robots cartografiaron los bordes de las entradas, colocaron anclajes, desplegaron cubos de sensores y bajaron un rover explorador al interior de un jameo. La prueba demostró un mapeo 3D fiable en condiciones de poca luz y mucho polvo, y destacó los aspectos prácticos de la gestión de cables, la colocación de anclajes y la toma de decisiones autónoma cuando los sensores discrepan.
Los resultados publicados el año pasado informaron sobre los puntos donde el sistema aún necesita mejoras: las comunicaciones entre los nodos de superficie y subterráneos, la energía de larga duración para misiones en el interior y una mayor robustez del hardware mecánico de rapel bajo el polvo abrasivo similar al lunar. Estos son problemas de ingeniería solucionables, pero las pruebas de campo cumplieron su cometido: convertir un plan de laboratorio en una secuencia realista que podría adaptarse para una misión precursora robótica a la Luna o Marte.
Los tubos de lava como refugios naturales y objetivos de recursos
Los tubos de lava han pasado de ser una curiosidad geológica a una prioridad estratégica porque ofrecen una barrera natural gruesa y preexistente entre los astronautas y el hostil entorno espacial. En la Luna, donde no hay atmósfera y solo existe un blindaje magnético irregular, las tripulaciones de superficie se enfrentan a la radiación crónica del Sol y a los rayos cósmicos galácticos, además de una lluvia constante de micrometeoritos. Un tubo de lava —un túnel excavado y techado por antiguos flujos basálticos— proporciona de metros a decenas de metros de blindaje rocoso, lo que reduce drásticamente la exposición a la radiación y elimina la necesidad de transportar grandes masas de blindaje desde la Tierra.
Un contexto geológico al estilo de la Britannica ayuda a explicar por qué existen estos túneles: los grandes basaltos de los mares lunares erupcionaron como lavas de baja viscosidad que podían fluir largas distancias y desarrollar canales techados. Esos mismos flujos que formaron los mares lunares son los procesos que pueden crear las largas cavidades subterráneas que los ingenieros ahora quieren explotar. En su interior, las temperaturas son más estables que en la superficie abrasada por el sol y la cubierta de regolito reduce el riesgo de impactos de micrometeoritos y los ciclos térmicos que dañan equipos y trajes.
Más allá del refugio, los tubos de lava son prometedores por sus recursos. Podrían recolectar y preservar volátiles —incluyendo hielo de agua en secciones permanentemente sombreadas o en profundidad— y sus suelos interiores podrían ofrecer material consolidado adecuado para construir hábitats o montar equipos. En Marte, los tubos de lava también prometen protección frente a la delgada atmósfera del planeta, las frecuentes tormentas de polvo y las dosis de radiación más elevadas de la superficie.
Obstáculos técnicos y tecnologías facilitadoras
Lograr que los robots desciendan a la lava y operen de manera fiable en su interior presenta múltiples y difíciles desafíos de ingeniería. Las claraboyas suelen ser verticales, estrechas y estar sembradas de rocas; no hay GPS dentro de una cueva; las comunicaciones son intermitentes o están bloqueadas por la roca; el polvo es abrasivo y electrostáticamente pegajoso; y las oscilaciones térmicas exigen una electrónica robusta. La prueba de campo expuso todas estas limitaciones y guio la elección de las tecnologías facilitadoras que ahora están madurando para su uso planetario.
Los sistemas facilitadores clave incluyen SLAM de alto rendimiento que fusiona lidar, visión estereoscópica y datos inerciales; cubos de sensores ligeros y tolerantes a la radiación para una primera inspección científica; sistemas de alimentación y comunicaciones por cable que combinan enlaces de datos de fibra óptica con resistencia mecánica; y mecanismos de rapel con inspección automática de anclajes y cabrestantes redundantes. El software de cooperación que permite a un rover de superficie tomar decisiones conservadoras de "ir/no ir" basándose en las lecturas de un cubo de sensores puede evitar muchos modos de fallo. Además, los procesadores endurecidos contra la radiación y los actuadores tolerantes al polvo prolongan la vida útil de la misión, mientras que el hardware modular permite que una unidad dañada sea puenteada o reemplazada por otro compañero robótico.
Cómo podrían los tubos de lava sustentar el soporte vital, la energía y las operaciones a largo plazo
Si se cartografía, caracteriza y elige cuidadosamente, un tubo de lava podría albergar un hábitat con presencia humana o un centro logístico. La cavidad subterránea proporciona un blindaje que reduce los requisitos de masa de lanzamiento para las paredes del hábitat, y su estabilidad térmica facilita los sistemas de control térmico. La energía podría suministrarse mediante paneles solares en la superficie con cables dirigidos a través de la claraboya hacia el tubo, o mediante pequeños reactores nucleares o generadores de radioisótopos colocados en ubicaciones estables; ambos enfoques están en estudio en el contexto de Artemis y otras arquitecturas lunares. El agua o los volátiles ligados encontrados por los exploradores robóticos podrían alimentar sistemas de soporte vital de ciclo cerrado, proporcionar hidrógeno y oxígeno para propulsores, o ser electrolizados para obtener oxígeno respirable y combustible para cohetes.
Operativamente, los tubos cartografiados permitirían que los puestos de avanzada se expandieran lateralmente, albergando talleres, invernaderos y espacios de almacenamiento con un blindaje adicional mínimo. Los robots son esenciales para esa primera fase: pueden reconocer, tomar muestras y certificar una sección del tubo antes de cualquier llegada de la tripulación, instalar infraestructuras como anclajes, centros y nodos de energía, e incluso predesplegar depósitos de suministros. En resumen, los precursores robóticos reducen el riesgo y permiten un uso humano mucho más ambicioso de un espacio protegido naturalmente que un enfoque basado solo en la superficie.
El artículo de Science Robótica de 2025 y los experimentos liderados por la Universidad de Málaga en Lanzarote dejan claro que los tubos de lava planetarios ya no son una idea de hábitat especulativa, sino un objetivo tangible para la robótica a corto plazo. Los siguientes pasos consisten en robustecer los sistemas para el vacío y la radiación lunares, calificar para el vuelo el hardware de cables y anclajes, e integrar los resultados cartográficos con el reconocimiento orbital para elegir los mejores objetivos. Si estos pasos avanzan según lo previsto, la exploración robótica coordinada de claraboyas podría ser una parte rutinaria de la próxima década de exploración lunar: un precursor práctico para las bases humanas protegidas.
Fuentes
- Science Robotics (artículo de investigación: "Cooperative robotic exploration of a planetary skylight surface and lava cave")
- Universidad de Málaga — Laboratorio de Robótica Espacial (materiales de la campaña de campo y nota de prensa)
- Centro Alemán de Investigación en Inteligencia Artificial (DFKI) — contribuciones del consorcio de robótica
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