Una señal inesperada de los osos de Groenlandia
El 15 de diciembre de 2025, un grupo de investigadores publicó pruebas de que los osos polares que viven en el sureste de Groenlandia muestran cambios distintivos en la actividad de partes de su ADN, cambios que parecen seguir el ritmo del calentamiento local. El equipo analizó muestras de sangre de 17 osos polares adultos recolectadas en dos regiones contrastantes de Groenlandia y encontró una actividad notablemente mayor de los llamados "genes saltarines" en los osos de la costa sureste, más cálida y variable. Esas regiones de elevada actividad incluyen vecindarios genéticos vinculados al procesamiento de grasas, el envejecimiento y el estrés celular, lo que apunta a un cambio bioquímico que coincide con un paisaje marino del Ártico en rápida transformación.
El hallazgo es sorprendente porque vincula una respuesta molecular medible en un depredador superior con un gradiente climático específico. Los osos polares dependen del hielo marino para cazar focas; en las zonas donde el hielo es más delgado o se retira antes en verano, los osos se enfrentan a una escasez de alimentos prolongada y a un estrés energético. El nuevo estudio, dirigido por investigadores de la University of East Anglia y publicado en la revista Mobile DNA, interpreta la mayor actividad de los elementos transponibles como una parte de la respuesta genómica de los osos a esas presiones ambientales.
Pero el descubrimiento no es una simple historia de adaptación exitosa. En cambio, abre una ventana a cómo los genomas silvestres responden en tiempo real al calentamiento provocado por el ser humano, y plantea preguntas urgentes sobre los límites y las consecuencias de tales respuestas para la conservación.
Genes saltarines: una guía rápida
"Genes saltarines" es el nombre informal de los elementos transponibles, tramos de ADN que pueden moverse por el genoma o modificar la regulación de los genes cercanos. Se descubrieron hace casi un siglo y hoy se sabe que constituyen una fracción significativa de muchos genomas de vertebrados. La mayoría suelen estar inactivos, pero los factores de estrés ambiental (calor, infecciones, inanición, contaminantes) pueden levantar la represión epigenética y permitir que los elementos transponibles se activen transcripcionalmente.
Cuando están activos, estos elementos pueden hacer varias cosas: pueden insertarse en nuevas posiciones genómicas y alterar genes, pueden portar secuencias reguladoras que reorganicen qué genes se activan o desactivan, o pueden generar pequeños ARN que alteren las redes de expresión génica. En algunos casos, esta actividad crea una nueva variación genética sobre la que puede actuar la selección natural; en otros, aumenta la inestabilidad genética y el riesgo de enfermedades. El artículo de la University of East Anglia documenta un aumento de la actividad transcripcional de estos elementos en los osos del sector más cálido de Groenlandia, lo que sugiere que los genomas de los animales están experimentando un cambio en su estado regulador vinculado a su entorno.
Ese cambio regulador parece concentrarse en regiones genómicas vinculadas al metabolismo de los lípidos, sistemas biológicos que son cruciales para la supervivencia del oso polar, ya que las reservas de grasa permiten largos periodos de ayuno y sustentan la reproducción. Por lo tanto, observar la actividad de los elementos transponibles en esas regiones tiene una relevancia funcional plausible, aunque las consecuencias exactas estén aún por demostrarse.
Interpretación de las pruebas: promesas y salvedades
Los datos del estudio ofrecen una señal clara y específica, pero la muestra es pequeña: muestras de sangre de 17 animales adultos, 12 del noreste de Groenlandia y cinco de la población del sureste. Las cifras bajas son comunes en los estudios de grandes mamíferos remotos, y los autores utilizaron ensayos moleculares cuidadosos para inferir qué partes del genoma estaban transcripcionalmente activas. Aun así, el limitado tamaño de la muestra y el muestreo en un único momento temporal significan que deben considerarse varias explicaciones alternativas.
La demografía y la estructura de la población pueden producir diferencias regionales en la actividad del ADN que no tengan nada que ver con el clima contemporáneo. La dieta, la exposición a contaminantes, la carga de enfermedades y los perfiles de edad también afectan a la expresión génica y podrían explicar en parte los patrones. La sangre es un tejido práctico para el muestreo no letal, pero la actividad génica en la sangre no siempre refleja la actividad en otros órganos —como el hígado o el tejido adiposo— que rigen el metabolismo y el almacenamiento de grasa.
Lo que esto podría significar para los osos polares
Existen dos formas amplias y contrastantes de interpretar los nuevos datos. Una es cautelosamente optimista: el genoma no es inerte, y los organismos bajo estrés pueden mostrar cambios reguladores rápidos que generan nuevas variaciones. Los puntos críticos de actividad cerca de los genes del metabolismo de las grasas encajan en una narrativa ecológica plausible: a medida que el hielo marino disminuye y las oportunidades de caza decaen, los osos que pueden alterar la forma en que almacenan y movilizan la energía pueden tener una ventaja de supervivencia a corto plazo.
La otra interpretación es aleccionadora. La activación de los genes saltarines puede aumentar la inestabilidad genómica, acelerar el envejecimiento celular o producir mutaciones perjudiciales. Las respuestas genómicas localizadas en un pequeño subconjunto de la especie no revierten las amenazas demográficas y ecológicas mayores impulsadas por la pérdida de hábitat. Incluso si los osos del sureste de Groenlandia están exhibiendo hoy una estrategia de afrontamiento molecular, eso no garantiza la persistencia a largo plazo una vez que el hielo marino disminuya más allá de los niveles críticos o cuando las poblaciones de presas colapsen.
Los ecólogos llaman al escenario esperanzador "rescate evolutivo" —donde un cambio adaptativo rápido evita el colapso de la población—, pero el rescate depende de varias condiciones exigentes: un tamaño de población suficiente, una variación beneficiosa hereditaria y tiempo para que actúe la selección. El ritmo de calentamiento del Ártico y la fragmentación de las poblaciones de osos polares hacen que el rescate evolutivo sea, en el mejor de los casos, incierto.
Implicaciones para las políticas y la investigación
Para los conservacionistas, el estudio es un mensaje de doble filo. Por un lado, el monitoreo molecular puede revelar respuestas al estrés anteriormente invisibles e identificar poblaciones que ya están experimentando fuertes presiones selectivas. Esa información podría ayudar a orientar los esfuerzos de gestión, como la protección de hábitats de alimentación importantes, la reducción de los factores de estrés locales o la priorización de corredores que permitan a los animales desplazarse a entornos más adecuados.
Por otro lado, los signos moleculares de estrés no deben convertirse en una justificación para la inacción en materia de política climática. Los propios investigadores enfatizan que estos cambios genómicos no eliminan la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero; en su lugar, resaltan la rapidez con la que los organismos se ven obligados a responder. Confiar en la plasticidad genómica natural para salvar a las especies es científicamente arriesgado y éticamente problemático.
Desde la perspectiva de la investigación, el artículo señala pasos siguientes claros: ampliar el tamaño de las muestras a través de las estaciones y clases de edad, muestrear múltiples tejidos cuando sea factible, integrar la secuenciación del genoma completo con mediciones ecológicas y fisiológicas, y establecer si alguno de los cambios reguladores observados se hereda a través de las generaciones. Se necesitaría trabajo experimental —donde sea apropiado y ético— para conectar la actividad de los elementos transponibles con los cambios en el metabolismo de las grasas, el éxito reproductivo o la supervivencia.
La historia de los osos polares en el sureste de Groenlandia debe leerse, por tanto, como una advertencia temprana: el cambio climático no solo está reorganizando el hielo y las redes tróficas, sino que también está empujando a los genomas hacia nuevos estados. Esos estados pueden a veces ayudar, a veces perjudicar, y a menudo seguir siendo ambiguos hasta que reunamos más datos. Los científicos y los responsables políticos se enfrentan a la urgente tarea de interpretar estas señales sin exagerar su poder para evitar la extinción.
Fuentes
- Mobile DNA (revista; artículo de investigación publicado el 15 de diciembre de 2025)
- University of East Anglia, Escuela de Ciencias Biológicas (institución de investigación principal)
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