Esta semana, nuevas imágenes de un demostrador europeo y el concepto de una misión liderada por el Reino Unido esbozaron el futuro cercano de la observación solar: eclipses artificiales en el espacio que permiten a los científicos observar la atmósfera exterior del Sol con una luz prolongada y constante. El 21 de enero de 2026, la Agencia Espacial Europea compartió un time‑lapse del Proba‑3 —satélites gemelos que vuelan en una formación cerrada para crear un eclipse artificial de cinco horas— que muestra tres dramáticas erupciones de plasma. Dos días después, los investigadores detrás de un concepto llamado Mesom publicaron un estudio de viabilidad en el que proponen utilizar la Luna como un ocultador natural para mantener el brillante disco solar fuera de la vista durante casi una hora cada vez, mes tras mes.
¿Por qué bloquear el Sol es la clave para comprender las tormentas?
La corona solar, un halo difuso de plasma a millones de grados, es el lugar de origen de los eventos meteorológicos espaciales más peligrosos: eyecciones de masa coronal (CME) que lanzan plasma magnetizado al espacio y pueden perturbar satélites, GPS, redes eléctricas y comunicaciones en la Tierra. La corona es tenue en comparación con la luz cegadora de la fotosfera (la superficie visible del Sol), por lo que para estudiar la corona en detalle los observadores necesitan eliminar ese resplandor. Los eclipses solares totales en la Tierra lo hacen de forma natural, pero de manera breve e impredecible; los coronógrafos —telescopios con discos internos que bloquean la fotosfera— reproducen el efecto electrónicamente, pero tienen límites en cuanto a qué tan cerca del Sol pueden obtener imágenes de forma fiable.
Ambos enfoques dejan preguntas sin respuesta sobre cómo los campos magnéticos en la corona baja crean y liberan las CME, y sobre la persistente paradoja del calentamiento coronal: por qué la corona está cientos de veces más caliente que la superficie solar. Obtener mejores vistas de la corona interna, más largas y de mayor resolución, alimentaría los modelos físicos y mejoraría materialmente la capacidad de predicción de eventos que pueden costar de millones a miles de millones de dólares cuando impactan sistemas críticos en la Tierra.
Proba‑3: una prueba de concepto de vuelo en formación
Mesom: el uso de la Luna como un ocultador perfecto
Mesom (Moon‑enabled Sun Occultation Mission) adopta un enfoque diferente. En lugar de depender de un disco de ocultación desplegado o de dos satélites que vuelan en formación, Mesom propone situar un pequeño satélite científico en la sombra permanente proyectada por la Luna, vista desde una órbita cuidadosamente seleccionada. Dado que la Luna es casi esférica y no tiene atmósfera que disperse la luz, es un disco ocultador natural casi ideal. El concepto, liderado por equipos del Mullard Space Science Laboratory del University College London con socios del Surrey Space Centre y otras instituciones, sostiene que la ocultación lunar puede generar observaciones continuas y limpias de la corona interna hasta la cromosfera en ventanas de observación de hasta 48 minutos, mucho más largas que cualquier eclipse terrestre.
Lo que podrían aportar los nuevos datos
Un acceso más prolongado y limpio a la corona baja ayudaría a desentrañar cómo los campos magnéticos se trenzan y reconectan, liberando energía almacenada en forma de llamaradas y CME. Las observaciones que llegan hasta la cromosfera —la capa entre la fotosfera y la corona donde ocurre gran parte de la física de iniciación de las CME— podrían conectar los mapas magnéticos de la superficie con los bucles coronales en evolución y los eventos eruptivos. Eso, a su vez, mejoraría las entradas físicas para los modelos operativos de meteorología espacial utilizados por operadores de satélites, compañías eléctricas y planificadores de aviación.
Existen incentivos prácticos. Eventos históricos como el apagón de Quebec en 1989 y el evento Carrington de 1859 nos recuerdan cuán vulnerable es la infraestructura moderna. Episodios más recientes durante 2024 y 2025 provocaron pérdidas de altitud en satélites y cortes de GPS con un coste económico sustancial. Una mejor predicción basada en observaciones directas del nacimiento de las CME permitiría tomar medidas preventivas con mayor antelación: reorientar satélites, apagar transformadores y advertir a los operadores para que modifiquen actividades críticas.
Obstáculos técnicos y programáticos
Tanto el vuelo en formación como la ocultación lunar plantean retos de ingeniería. Proba‑3 depende de un posicionamiento relativo a nivel de centímetros y de un control estricto de la luz parásita dentro del coronógrafo; su éxito demuestra la técnica, pero escalar una misión a operaciones científicas completas requiere cargas útiles más grandes, misiones de mayor duración y un control autónomo y robusto. Mesom tiene que superar un desafío complejo en el diseño orbital: encontrar ventanas repetibles en la dinámica Sol-Tierra-Luna que permitan una ocultación estable mientras se suministra energía, control térmico y comunicaciones.
La gestión térmica cerca del Sol, el blindaje contra la radiación, el apuntamiento de precisión y la capacidad de descarga de datos no son cuestiones triviales. Los defensores de Mesom afirman que estos problemas pueden resolverse con un presupuesto de satélites pequeños si la misión se diseña cuidadosamente y cuenta con socios internacionales. El concepto ya ha sido presentado a la Agencia Espacial Europea para su consideración como futura misión en la década de 2030, pero la financiación, la maduración técnica y la integración con otros observatorios siguen pendientes de resolución.
Enfoques complementarios en toda la flota solar
Mesom y Proba‑3 no sustituirían a otros activos solares, sino que los complementarían. Misiones como la Parker Solar Probe de la NASA y el Solar Orbiter de la ESA toman muestras del entorno cercano al Sol desde diferentes puntos de vista; los telescopios terrestres, como el Telescopio Solar Daniel K. Inouye, proporcionan una resolución ultra-alta de la fotosfera y la cromosfera; los instrumentos montados en plataformas de órbita terrestre baja (por ejemplo, CODEX en la Estación Espacial Internacional) añaden más modos de medición. Combinar los datos de todas estas plataformas, especialmente con vistas de la corona interna con calidad de eclipse y de larga duración, es lo que los científicos afirman que romperá los límites actuales.
Las imágenes recientes de Proba‑3 ofrecieron un adelanto de lo que pueden revelar las vistas limpias y prolongadas; Mesom promete un orden de magnitud más de tiempo en esas altitudes críticas. Si se financia y construye, una misión de ocultación lunar podría transformar la forma en que los físicos estudian la iniciación de las CME y el problema del calentamiento coronal, y proporcionar a los operadores terrestres mejores alertas contra la meteorología espacial disruptiva. El camino por delante requiere una ingeniería minuciosa, cooperación internacional e inversión sostenida, pero el beneficio potencial —proteger la infraestructura moderna de tormentas solares raras pero catastróficas— es evidente.
Fuentes
- Surrey Space Centre (Universidad de Surrey) — Estudio de viabilidad de Mesom
- UCL Mullard Space Science Laboratory — Institución principal de Mesom y materiales de la propuesta
- Agencia Espacial Europea — Misión Proba‑3 y demostraciones de coronógrafos
- Agencia Espacial del Reino Unido — Financiación de viabilidad para Mesom
- NASA — Contexto de las misiones Parker Solar Probe y CODEX
- Telescopio Solar Daniel K. Inouye (instituciones socias del observatorio solar nacional)
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