Probabilidades, portadas y un extraño tipo de celebridad
En vísperas del anuncio de la Persona del Año 2025 de la revista Time, los mercados de apuestas y las plataformas de predicción están tratando a la "inteligencia artificial" no como una categoría, sino como un contendiente único. Mercados como Polymarket han impulsado a la IA a posiciones de liderazgo claras, con registros de esta semana situándola muy por delante de rivales que incluyen a ejecutivos individuales como Jensen Huang y Sam Altman. La dispersión de las probabilidades —diferentes plataformas y momentos han mostrado desde aproximadamente un 40% hasta casi un 60% de probabilidad— captura una historia más amplia: una tecnología que ha saturado la vida pública, la cobertura mediática y las conversaciones políticas está siendo personificada para los propósitos de un premio de fin de año.
Esa personificación es importante porque la elección de Time es tanto descriptiva como performativa. La revista define su reconocimiento como el acto de premiar a "la persona o personas que más afectaron las noticias y nuestras vidas, para bien o para mal". En el pasado, Time ha tratado fuerzas no humanas como sujetos del premio —la computadora personal fue "Máquina del Año" en 1982, la "Tierra en Peligro" apareció en 1988, y la selección de "Tú" en 2006 reconoció un cambio cultural masivo—, pero nombrar a la IA sería diferente en escala y naturaleza. La IA hoy en día no es una sola máquina o movimiento; es un conjunto extenso de modelos, herramientas, plataformas, chips, empresas y prácticas culturales que, colectivamente, cambian la forma en que fluyen la información y el poder.
Lo que señalan los mercados y las encuestas
Los mercados de predicción no deciden las opciones editoriales, pero sí reflejan dónde reside la atención y las expectativas. Las plataformas que tienen a la IA como favorita están, esencialmente, otorgando un valor monetario a la idea de que 2025 será recordado como un año marcado por sistemas avanzados de aprendizaje automático: por inversiones en chips e infraestructura en la nube, por productos y controversias virales de IA, y por reacciones regulatorias y políticas.
Al mismo tiempo, las encuestas de opinión pública muestran cuán poderosamente esas conversaciones se han trasladado a la vida cotidiana. Encuestas recientes citadas junto a las probabilidades de apuesta revelan que la mayoría de los estadounidenses expresan serias preocupaciones sobre los riesgos a largo plazo de la IA: más de la mitad de los encuestados coincidieron en que la IA podría eventualmente representar peligros existenciales, y una proporción aún mayor teme que pueda volverse difícil de controlar. Esas ansiedades conviven con una brecha de adopción: los adultos jóvenes reportan tasas mucho más altas de experimentación con chatbots y herramientas generativas que las generaciones mayores, una brecha que ayuda a explicar por qué las respuestas culturales y regulatorias son desiguales y están políticamente cargadas.
Respuestas de la industria y resistencia cultural
Estos movimientos resaltan tensiones que atraviesan los modelos de negocio y la práctica creativa. Productores musicales y artistas discuten sobre el consentimiento y la imagen; los servicios de radio y streaming sopesan la confianza de los oyentes; los anunciantes y los titulares de derechos lidian con el estatus legal y ético de las voces sintéticas y las actuaciones clonadas. Mientras tanto, los fabricantes de chips y los proveedores de la nube reportan una demanda récord de empresas y gobiernos que desean más capacidad de cómputo para modelos e inferencia, una realidad económica que ayuda a explicar por qué los líderes de la industria —fundadores de empresas de chips, ejecutivos de la nube y jefes de empresas de IA— suelen aparecer en las listas de posibles galardonados junto a la entrada abstracta "IA".
Por qué importaría un ganador no humano
Elegir a la IA como Persona del Año sería menos una celebración de la tecnología que un reconocimiento de cómo esta ha redistribuido la capacidad de acción. La portada de una revista no puede regular una tecnología, pero puede cristalizar una narrativa. Esa narrativa moldea el discurso público: se convierte en un marco de referencia para los legisladores, periodistas, inversores y el público general. Si Time reconociera a la IA, pondría en relieve la conversación sobre regulación, estándares, responsabilidad y efectos sociales.
Al mismo tiempo, nombrar a la IA plantea preguntas sobre la atribución y la rendición de cuentas. ¿A quién critica o elogia el premio cuando pone el foco en una capacidad difusa? ¿Es a las empresas que financian y despliegan los modelos más grandes; a los investigadores que inventan las técnicas; a las naciones que establecen las políticas; o al público que utiliza y cuestiona la tecnología? Tratar a la IA como un actor unitario simplifica redes complejas de responsabilidad en una sola figura atractiva para los titulares, útil para la narrativa pero frágil como base para la gobernanza.
Límites de la predicción e independencia editorial
Los mercados y las encuestas capturan expectativas y ansiedades, no decisiones editoriales. Los editores de Time tienen la última palabra e históricamente han equilibrado portadas simbólicas con perfiles de personas que marcaron el año. La presencia de ejecutivos de alto perfil entre los diez primeros puestos de las apuestas subraya una segunda dinámica: incluso si se selecciona la tecnología, los líderes humanos y las organizaciones que idearon el despliegue y la escala comercial seguirán estando en el centro de los debates posteriores.
Después de la portada: política, práctica y consecuencias a largo plazo
Independientemente de que la IA aparezca o no en la portada de este año, las respuestas institucionales continuarán. Los legisladores ya están redactando normas sobre transparencia, pruebas de seguridad y responsabilidad. Las empresas de medios están experimentando con la divulgación y el etiquetado. Los mercados laborales están respondiendo de manera desigual, con algunos roles transformados por la automatización y otros destacados como exclusivamente humanos. Y los debates culturales sobre la autenticidad, la identidad y la propiedad se extenderán hacia los tribunales, las legislaturas y los acuerdos comerciales.
Finalmente, la idea de la IA como favorita de Time es importante porque obliga a hacerse una pregunta: ¿queremos que una tecnología sea reconocida como un actor independiente, o queremos mantener el enfoque en las personas y estructuras que la diseñan, despliegan y se benefician de ella? La respuesta dará forma no solo a los titulares, sino a las decisiones —legales, económicas y éticas— que se tomen en los meses venideros.
El anuncio de Time será leído como una instantánea de la historia dominante de 2025. Pero ya sea que la revista ponga un nombre, el líder de una empresa o el concepto de inteligencia artificial en su portada, el argumento de fondo continuará: las sociedades tendrán que decidir cómo negociar el poder con herramientas que se parecen menos a electrodomésticos y más a actores.
Fuentes
- Time (editorial de la Persona del Año y cobertura relacionada)
- Polymarket (datos de eventos del mercado de predicción)
- YouGov (encuestas de opinión pública citadas en la cobertura)
- iHeartMedia (declaraciones de la empresa sobre la IA y políticas de programación)
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