Sumerja a una reina de abejorro en hibernación en agua fría durante ocho días seguidos y no morirá. En su lugar, entra en un extraño purgatorio fisiológico, emitiendo de forma constante niveles bajos de dióxido de carbono mientras sus tejidos se llenan silenciosamente de lactato.
Para una especie en la que la reina es el único puente biológico entre un verano y el siguiente, esta resistencia acuática oculta es un salvavidas fundamental. La mayoría de las colonias de abejorros mueren en otoño, dejando solo a las reinas fecundadas para enterrarse en suelos poco profundos y esperar a que pase el invierno. Con los erráticos episodios de lluvia sobre nieve en invierno y las repentinas inundaciones primaverales cada vez más frecuentes, la capacidad de una reina para sobrevivir a una madriguera inundada determina si existirá una población local para polinizar el paisaje en primavera.
El coste fisiológico de una madriguera inundada
El descubrimiento, publicado en Proceedings of the Royal Society B, comenzó como un accidente de laboratorio. La investigadora Sabrina Rondeau estaba realizando un experimento con pesticidas cuando la condensación inundó inesperadamente varios tubos llenos de tierra, sumergiendo por completo a las reinas en diapausa que había en su interior. Cuando sobrevivieron, la investigación se orientó hacia inundaciones intencionadas y controladas en cámaras frías y oscuras diseñadas para imitar las madrigueras invernales.
Los datos fisiológicos muestran que estos insectos no se limitan a apagarse cuando se sumergen. En su lugar, mantienen una tasa mínima de respiración aeróbica mientras dependen en gran medida de vías anaeróbicas para sobrevivir al déficit de oxígeno. La acumulación resultante de lactato no es gratuita. Una vez fuera del agua, las reinas mostraron un fuerte pico en la tasa metabólica que duró hasta tres días, una factura de limpieza energética que deben pagar por haber sobrevivido a la inundación.
Mecanismos desconocidos y los límites del laboratorio
Cómo logra exactamente un insecto sumergido intercambiar gases bajo el agua sigue sin resolverse. Los investigadores se centraron en los marcadores químicos metabólicos en lugar del mecanismo físico, por lo que no está claro si las reinas dependen de microcapas de aire atrapado, del control alterado de los espiráculos o de la difusión gaseosa cutánea.
También existe una gran diferencia entre una inundación controlada en laboratorio y una natural. El suelo invernal real es una compleja matriz de temperaturas fluctuantes, química cambiante y comunidades microbianas hambrientas que compiten por el poco oxígeno que queda. El estudio analizó taxones de abejorros específicos, por lo que resulta un salto ecológico enorme asumir que este rasgo se mantiene de forma uniforme en todas las especies de Bombus en climas variados.
El uso de la tierra supera los márgenes biológicos
Un margen de seguridad fisiológica solo es útil si la reina tiene una madriguera donde refugiarse. Esta resiliencia de laboratorio se cruza directamente con la política agrícola y la gestión de la tierra, donde los microhábitats tradicionales de invernada son rutinariamente pavimentados, labrados profundamente o compactados por maquinaria pesada.
Además, la capacidad de una reina para soportar días de estrés anaeróbico y pagar la consiguiente factura metabólica de limpieza depende totalmente de sus reservas de grasa previas al invierno. Si la búsqueda de alimento en otoño se ve restringida por la pérdida de hábitat, o si la exposición a pesticidas interrumpe su acumulación de lípidos antes de la diapausa, esa resistencia bajo el agua podría colapsar rápidamente.
La evolución ha dotado a la reina del abejorro de un impresionante amortiguador frente a un mundo inundado. Pero un insecto que puede contener la respiración durante una semana todavía necesita, eventualmente, un lugar seco donde aterrizar.
Fuentes
- Proceedings of the Royal Society B
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