Una triple unión poco común en la Patagonia
Desde la perspectiva de la órbita terrestre baja, una sola fotografía puede hacer que un paisaje remoto se interprete como un mapa de fuerzas en conflicto. Una imagen tomada por un astronauta en 2021 sobre el Parque Nacional Los Glaciares, en Argentina, muestra exactamente eso: el frente de un gran glaciar que fluye hacia un lago de color turquesa brillante y —en ese mismo punto— un río turbio y cargado de sedimentos que se abre paso por un valle vecino. Los colores, las texturas y los ángulos son tan claramente diferentes que el punto de encuentro parece como si tres mundos distintos hubieran sido cosidos entre sí.
La imagen ha llamado la atención porque hace visible, en un solo cuadro, un conjunto de procesos que suelen desarrollarse en espacios y tiempos diferentes: la dinámica del hielo glaciar, la formación de lagos proglaciares y el encauzamiento de las aguas de deshielo. Esa combinación —glaciar, lago y río convergiendo en un único punto— es visualmente impactante, pero también es científicamente útil: proporciona un laboratorio natural donde los investigadores pueden interpretar las interacciones pasadas y presentes entre el hielo, la roca y el agua simplemente analizando las formas, los tonos y los patrones de sedimentos desde las alturas.
Por qué los colores cuentan una historia
Una de las primeras cosas que la mayoría de los observadores nota es la drástica diferencia de color entre las masas de agua. El intenso turquesa del lago suele indicar una alta concentración de finas partículas de roca —"harina glaciar"— molida por el hielo y suspendida en aguas tranquilas. Estas diminutas partículas dispersan la luz solar de una manera que favorece las longitudes de onda azules y verdes, produciendo el turquesa lechoso familiar en los lagos glaciares de todo el mundo.
Cómo se organiza el paisaje
Los glaciares tallan valles en forma de U y dejan tras de sí cuencas sobreexcavadas que comúnmente se llenan con agua de deshielo para formar lagos. Los lagos proglaciares se sitúan en el frente de un glaciar, donde el hielo ha erosionado y embalsado el terreno. Los arroyos y ríos de deshielo encuentran entonces el camino de menor resistencia, drenando a veces a través o alrededor de estos lagos antes de unirse a sistemas fluviales mayores. Cuando la topografía, la geometría del glaciar y el drenaje se alinean, los tres elementos pueden encontrarse en un área compacta: la unión capturada en la fotografía del astronauta.
No todos los glaciares se comportan igual
La fotografía ha sido descrita como la muestra de un glaciar "masivo y resistente al clima", un lenguaje que refleja una realidad actual en partes de la Patagonia. Mientras que muchos glaciares en todo el mundo se están reduciendo, algunas masas de hielo patagónicas presentan respuestas complejas al clima y a la topografía. Los patrones climáticos locales, las altas precipitaciones de nieve y la forma en que termina un glaciar —por ejemplo, apoyado sobre el lecho rocoso frente a uno que flota o se desprende en un lago— influyen en si este retrocede rápidamente o se mantiene estable durante años.
Imágenes como esta son valiosas precisamente porque permiten a los científicos y a los gestores de parques monitorear ese comportamiento visualmente. La fotografía orbital o de astronautas repetida a lo largo de las estaciones y los años revela cambios en la posición del margen de hielo, el surgimiento o la ampliación de lagos proglaciares y cambios en los cursos de los ríos; todas ellas señales de la evolución de la salud del glaciar y de la estabilidad del paisaje.
De una fotografía impresionante a una herramienta práctica
Más allá de lo estético, tales imágenes contribuyen al trabajo práctico: cartografiar la extensión de los glaciares, rastrear el flujo de sedimentos e identificar peligros potenciales. Los lagos proglaciares pueden crecer rápidamente y, en algunas regiones, producir inundaciones por desborde de lagos glaciares: liberaciones repentinas de agua almacenada que pueden poner en peligro los asentamientos e infraestructuras río abajo. Por lo tanto, detectar a tiempo la expansión rápida de los lagos, las nuevas salidas de drenaje o la desestabilización de las laderas es un uso clave de las imágenes remotas.
Para las áreas protegidas como el Parque Nacional Los Glaciares, estas observaciones también nutren la planificación de la conservación. Las autoridades del parque, los científicos y las comunidades locales utilizan un conjunto cada vez mayor de herramientas de datos satelitales, estudios aéreos y mediciones sobre el terreno para comprender los recursos hídricos, los impactos del turismo y los cambios ecológicos a largo plazo. Una sola imagen nítida de la Estación Espacial Internacional o de un satélite puede desencadenar campañas de campo específicas o informar sobre cómo se gestiona el acceso de los visitantes en torno a los frentes de hielo sensibles.
Por qué las fotos de los astronautas siguen siendo fascinantes
Las agencias espaciales y los investigadores disponen de un flujo constante de imágenes satelitales para estudiar estos paisajes, pero las fotografías tomadas por astronautas tienen un atractivo diferente. Capturadas desde una perspectiva más baja y humana a bordo de la Estación Espacial Internacional, a menudo registran iluminaciones y ángulos oblicuos que resaltan accidentes geográficos sutiles y contrastes de color de una manera que los sensores satelitales puramente nadir no consiguen. Eso las hace no solo hermosas, sino también útiles para el diagnóstico cuando se combinan con datos satelitales multiespectrales y estudios terrestres.
Además, las imágenes de los astronautas llegan a un público amplio y pueden actuar como una puerta de entrada: una sola foto impactante puede atraer la atención hacia un parque remoto y los procesos ambientales que allí se desarrollan. En una época en la que mucha gente conoce el planeta de segunda mano a través de las pantallas, esas imágenes ayudan a conectar el interés público con el seguimiento científico y la atención de las políticas públicas.
Observar el cambio y lo que viene después
Lo que ocurra a continuación en una unión como la de Los Glaciares depende del clima regional, del balance de masa del glaciar y de la hidrología de los valles circundantes. Si el calentamiento aumenta el deshielo más rápido de lo que las nevadas reponen el hielo, el margen del glaciar puede retroceder y los lagos pueden crecer. Si las fuertes precipitaciones o los fallos en las laderas aportan grandes cargas de sedimentos, los patrones de drenaje y los colores del agua cambiarán en consecuencia. La observación continua es la única forma de saber qué trayectoria predominará.
Para los científicos, los gestores de parques y las comunidades locales, la fotografía es un recordatorio de que los paisajes de latitudes y altitudes elevadas siguen siendo dinámicos. También subraya cómo la combinación de las perspectivas humanas desde la órbita y el creciente archivo de datos satelitales nos brinda una visión más clara y oportuna de cómo se desarrollan esas dinámicas, no solo como espectáculos aislados, sino como fenómenos con consecuencias para los recursos hídricos, los ecosistemas y los medios de vida.
Visto desde arriba, el punto donde el glaciar, el lago y el río se tocan es tanto un instante de precisión geométrica como un experimento continuo de cambio paisajístico. Los colores y las líneas de la fotografía son un lenguaje: nos dicen dónde se está moliendo la roca hasta convertirla en polvo, dónde se almacena el agua y hacia dónde se transporta. Leer ese lenguaje a lo largo del tiempo es uno de los servicios prácticos que la observación desde el espacio y por parte de astronautas presta a la ciencia y a los gestores de lugares como Los Glaciares.
Fuentes
- Estación Espacial Internacional (fotografía de astronauta, 2021)
- Administración de Parques Nacionales — Parque Nacional Los Glaciares
- Journal of Glaciology (investigaciones seleccionadas sobre la dinámica de los glaciares patagónicos)
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