Por qué 3I/ATLAS se ha convertido en un pararrayos de controversia
Cuando el telescopio de sondeo ATLAS detectó un objeto inusual y de rápido movimiento en julio de 2025, los astrónomos se dieron cuenta de que no era un visitante rutinario: su trayectoria era hiperbólica, su apariencia mostraba una coma y era el tercer objeto interestelar confirmado jamás registrado. Desde entonces, una campaña de observación global —desde observatorios terrestres hasta el Telescopio Espacial James Webb— ha producido un mosaico de mediciones sorprendentes que se han entrelazado en dos narrativas contrapuestas. Un bando considera al 3I/ATLAS como un cometa natural pero extremo, formado y procesado en un entorno estelar diferente; otro, representado públicamente por un científico muy elocuente, sostiene que las anomalías son suficientes para justificar la consideración de un origen tecnológico.
Para los lectores que siguen los titulares, lo que está en juego es importante: los objetos interestelares son muestras únicas de otros sistemas planetarios, y la lectura correcta de sus firmas revela cómo se forman y evolucionan los planetas y los cuerpos menores en la galaxia. Pero si la naturaleza de 3I/ATLAS fuera tecnológica, eso supondría un cambio mucho mayor en nuestra comprensión. Por tanto, la calidad e interpretación de los datos son enormemente importantes para la ciencia y para la confianza pública.
Lo que los telescopios vieron realmente
En segundo lugar, la espectroscopía óptica de campo integral del Keck Cosmic Web Imager detectó características de emisión estrechas atribuibles a moléculas cianuradas y, de forma inesperada, átomos de níquel neutro agrupados cerca del núcleo, mientras que las líneas de hierro permanecieron esencialmente ausentes. El equipo del Keck midió diferentes escalas espaciales para la emisión de CN y Ni, lo que sugiere distintas vías de producción o destrucción para cada especie. Propusieron que la química volátil de los carbonilos metálicos podría explicar la señal de níquel sin invocar procesos exóticos.
En tercer lugar, las observaciones polarimétricas de varios telescopios grandes informaron de una rama de polarización negativa inusualmente profunda en ángulos de fase pequeños, una firma dependiente de la banda de ondas sobre cómo la luz solar se dispersa en los granos de la coma y la superficie. En resumen, el comportamiento de dispersión de la luz parece diferente al de los cometas o asteroides típicos y apunta a tamaños, formas o composiciones de partículas inusuales en el polvo.
Donde las anomalías se convierten en un argumento para lo extraordinario
Avi Loeb ha recopilado una lista de anomalías en un ensayo público: la trayectoria retrógrada alineada, los chorros dirigidos hacia el Sol, el gas rico en níquel con poco hierro, la polarización extrema, el comportamiento de brillo atípico y otras coincidencias extrañas en torno al tiempo y la geometría de aproximación. Sostiene que la combinación de estas características es poco probable bajo modelos naturales simples y que los científicos deberían tomar en serio la posibilidad de que 3I/ATLAS pudiera ser un artefacto tecnológico —o al menos que la búsqueda de tecnofirmas merece más financiación junto con las biofirmas. Su artículo ha renovado el debate sobre cómo debe tratar la comunidad las hipótesis de baja probabilidad pero de grandes consecuencias.
Cómo interpreta la corriente principal los mismos datos
La mayoría de los especialistas en cometas y cuerpos menores han rechazado el salto de la anomalía a la sonda alienígena. Existen explicaciones naturales alternativas que encajan con los nuevos datos sin invocar la tecnología. Dos explicaciones han ganado fuerza entre observadores y modeladores: un núcleo intrínsecamente rico en CO2 (o una capa superficial alterada por el procesamiento de rayos cósmicos a largo plazo) y una química de fase gaseosa exótica pero plausible cerca del núcleo que puede liberar átomos de níquel en la coma.
La coma dominada por CO2 detectada por el equipo del JWST apunta a un entorno de formación cerca de la línea de hielo de CO2 del disco protoplanetario original o a la alteración química de las capas superficiales durante un largo viaje interestelar. El trabajo de laboratorio y teórico sugiere que la irradiación de rayos cósmicos galácticos puede convertir y concentrar los volátiles carbonados de una manera que eleva el CO2 en relación con el H2O y puede enrojecer los espectros superficiales; ambas son características observadas en 3I/ATLAS. En otras palabras, la exposición interestelar puede hacer que un núcleo, por lo demás ordinario, se comporte de forma extraña cuando se calienta.
Para la señal de níquel, el equipo del Keck favoreció la hipótesis del carbonilo metálico: en un entorno gaseoso rico en CO/CO2, los complejos organometálicos volátiles como el tetracarbonilo de níquel son intermediarios químicamente plausibles. Esas moléculas pueden fotodisociarse o descomponerse térmicamente cerca del núcleo para liberar átomos de níquel neutro mientras el hierro permanece secuestrado en otras fases minerales, produciendo una firma aparente rica en Ni en los espectros sin invocar la metalurgia industrial. Esta es una química inusual para encontrar en la coma de un cometa, pero no imposible.
¿Qué pasa con la aceleración no gravitatoria y la anticoda reportadas?
Las afirmaciones de fuertes aceleraciones anómalas han sido fundamentales para las interpretaciones más provocativas del objeto. Pero los ajustes orbitales cuidadosos a través de miles de puntos astrométricos no encuentran ninguna detección convincente de una perturbación no gravitatoria durante el largo arco de entrada; en cambio, los residuales establecen límites superiores estrictos a cualquier efecto tipo cohete durante ese período. Otros modelos muestran que una desgasificación modesta y anisotrópica de CO/CO2 —especialmente de chorros localizados— puede producir pequeños empujes y puede explicar los cambios en el brillo y la morfología sin requerir la pérdida total de masa del núcleo. En resumen, el empuje aparente puede ser igualado por la física de cometas convencional una vez que se tienen en cuenta la composición inusual y la geometría de los chorros del objeto.
Cómo resolver la cuestión
- Más y mejores datos. Las observaciones en distintas longitudes de onda y a lo largo del tiempo son el factor decisivo. Los resultados del JWST y el Keck son potentes, pero son instantáneas; los espectros de seguimiento y las imágenes resueltas tras el perihelio —especialmente desde naves espaciales en Marte u observatorios en órbita que puedan observar en diferentes elongaciones solares— pondrán a prueba si la señal de Ni evoluciona y si los chorros y la polarización cambian con la actividad.
- Trabajo de laboratorio y teórico. La vía del carbonilo metálico es químicamente plausible pero rara; la espectroscopía de laboratorio y el modelado de fotodisociación a las bajas temperaturas y flujos de UV relevantes para 3,3–3,8 UA ayudarían a evaluar si las abundancias de níquel medidas son realistas para procesos naturales.
- Debate transparente sobre las probabilidades a priori. Los científicos deben ser explícitos sobre cómo se ponderan las hipótesis improbables. Las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias, y ese umbral debe estar claro en la revisión por pares y en la comunicación pública.
Por qué esto importa más allá de la curiosidad
Incluso si 3I/ATLAS se explica finalmente como un cometa interestelar extremo pero natural, el episodio habrá sido valioso. Ha impulsado a los equipos de instrumentación a responder rápidamente, ha agudizado los modelos de químicos y dinámicos para el procesamiento de volátiles en el espacio interestelar e ilustrado cómo recibe el público la incertidumbre científica. Si fuera tecnológico —un resultado que la mayoría de los investigadores consideran extremadamente improbable hoy en día— la carga de la prueba sería inmensa y las consecuencias profundas.
Por ahora, la posición más defendible es la curiosidad cautelosa: las mediciones son reales e intrigantes; existen mecanismos naturales que pueden explicar la mayoría de ellas; y un puñado de preguntas abiertas se abordan mejor con más observaciones y trabajo de laboratorio. Los próximos meses de seguimiento y análisis irán descartando las anomalías o las profundizarán, y cualquiera de los dos resultados nos enseñará algo nuevo sobre los cuerpos menores de la galaxia.
James Lawson es reportero de investigación científica para Dark Matter. Posee un Máster en Comunicación Científica y un Grado en Física por el University College London y cubre astronomía, industria espacial y tecnologías emergentes.
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