Alerta solar: ventana de alto riesgo para Artemis II

Física
Solar warning: high-risk window for Artemis II
Un físico mexicano advierte que la repetición de los ciclos solares podría convertir el inicio de 2026 en un periodo de alto riesgo para el lanzamiento tripulado de Artemis II, con implicaciones para la seguridad de los astronautas y la planificación de la misión. Los expertos afirman que los nuevos pronósticos de largo alcance podrían complementar, pero no sustituir, el monitoreo del clima espacial en tiempo real.

Un físico afirma que la intensa actividad solar podría concentrar el peligro a principios de 2026

Esta semana, un físico mexicano declaró a Starlust que se están alineando condiciones de "actividad solar intensa" para crear una ventana de riesgo elevado para las operaciones lunares tripuladas en la primera mitad de 2026. El Dr. Victor M. Velasco Herrera, físico nuclear de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), afirma que el análisis de su equipo sobre décadas de datos del satélite GOES revela patrones repetitivos —oscilaciones de aproximadamente 1,7 y 7 años— durante los cuales las erupciones solares de gran magnitud, o superfulguraciones, son significativamente más probables.

Velasco Herrera sostiene que el patrón no es aleatorio: las 37 superfulguraciones históricas registradas en el archivo de rayos X del GOES se agrupan en momentos y latitudes heliográficas particulares, creando zonas temporales y espaciales de "alto riesgo" en el Sol. Si estos ciclos entran en una fase constructiva este año, afirma, aumentan las probabilidades de que una potente fulguración o una eyección de masa coronal (CME) coincida con una misión tripulada como la Artemis II de la NASA, lo que pone el foco en las decisiones operativas y de seguridad.

Un físico afirma que los ciclos solares intensos apuntan a un riesgo a principios de 2026

El equipo de Velasco Herrera basa su enfoque en el registro de rayos X del GOES y en el análisis estadístico de eventos extremos. Informan de dos periodicidades dominantes —de unos 1,7 y 7 años— que se combinan para hacer que ciertas épocas sean más propensas a producir superfulguraciones (eventos por encima de la escala X10). En términos sencillos, la actividad del Sol no es puramente caótica: existen armónicos que, al alinearse, elevan la probabilidad de erupciones muy grandes.

Esta conclusión es provocadora porque la mayoría de los productos operativos de meteorología espacial se centran en el corto plazo: monitorización de manchas solares, índices de complejidad magnética e imágenes heliosféricas que generan alertas uno o dos días antes de que una fulguración o CME alcance una nave espacial. La afirmación de Velasco Herrera es que la planificación a nivel de misión podría utilizar un pronóstico de probabilidad distinto, con un horizonte más largo, para evitar programar salidas tripuladas durante períodos de mayor riesgo.

Expertos familiarizados con la ciencia de la meteorología espacial advierten que las ventanas probabilísticas son herramientas complementarias y no sustitutivas. Los motores físicos que producen una fulguración específica en un momento determinado siguen requiriendo condiciones magnéticas locales en el Sol, por lo que una señal con meses de antelación aumenta las probabilidades pero no garantiza un evento. Esto significa que cualquier decisión de cambiar una ventana de lanzamiento sopesaría la nueva información del pronóstico frente a la preparación técnica, la logística y los compromisos internacionales.

Actividad solar intensa: implicaciones para Artemis II

Artemis II está planeada para ser la primera prueba de vuelo tripulada de la nave espacial Orion de la NASA más allá de la órbita terrestre baja. Cada vez que los astronautas abandonan la magnetosfera, pierden el gran escudo natural que desvía gran parte de la radiación de partículas cargadas del Sol. El impacto directo de un gran evento de partículas solares o una CME podría liberar una dosis peligrosa de radiación ionizante en cuestión de horas, y ráfagas de protones energéticos más pequeñas pero igualmente dañinas pueden crear riesgos médicos y electrónicos para la tripulación y el hardware.

Para los planificadores de misiones, las cuestiones clave son el tiempo de antelación y las mitigaciones. Las alertas a corto plazo (decenas de horas) permiten a los equipos refugiar a la tripulación en las partes mejor blindadas de la nave, reducir la actividad extravehicular o devolver un vehículo no lanzado a una configuración segura. Una probabilidad a más largo plazo, con meses de antelación, permitiría a las agencias considerar la reprogramación de lanzamientos, el refuerzo de refugios temporales contra tormentas en el vehículo o la revisión de los perfiles de inserción orbital para minimizar la exposición.

La NASA mantiene el control operativo sobre las decisiones de lanzamiento de Artemis e integra habitualmente múltiples fuentes de inteligencia sobre meteorología espacial. La propuesta de Velasco Herrera —si se valida— ofrecería una capa adicional de evaluación de riesgos: no un veto absoluto, sino una señal estadística que podría activar medidas preventivas. Los ingenieros y directores de misión de la agencia necesitarán una verificación independiente antes de utilizar un modelo de este tipo para modificar las fechas de vuelo de los astronautas.

Actividad solar intensa y cómo las fulguraciones influyen en las misiones

Las fulguraciones solares y las CME son peligros distintos pero relacionados. Una fulguración es una liberación repentina de energía magnética que produce rayos X intensos y radiación ultravioleta extrema; una CME es una gran erupción de plasma magnetizado que puede provocar tormentas geomagnéticas al impactar contra la Tierra o una nave espacial. Los eventos de protones solares —partículas de alta energía lanzadas desde el Sol durante fulguraciones o choques de CME— son el riesgo ocupacional más directo para los astronautas, ya que pueden penetrar en naves y trajes espaciales, administrando dosis biológicamente dañinas.

Para la electrónica de las naves espaciales, tanto las partículas cargadas como las corrientes geomagnéticas inducidas por una CME pueden causar perturbaciones por eventos únicos, bloqueos (latchups) y degradación a largo plazo. En tierra, una tormenta geomagnética muy grande puede inducir corrientes en las redes eléctricas y dañar transformadores; en la órbita terrestre baja, los satélites pueden sufrir carga superficial, aumento de la resistencia aerodinámica o pérdida de control de actitud. Para una salida lunar tripulada, una combinación de radiación de partículas y comunicaciones degradadas complicaría cada fase de la misión.

Es por eso que la monitorización en tiempo real —satélites GOES, generadores de imágenes solares, coronógrafos y modelos heliosféricos— sigue siendo esencial. Pero a medida que proliferan las actividades espaciales y las misiones humanas, los planificadores también exigen mejores pronósticos probabilísticos para no verse obligados a realizar cambios de última hora, costosos o políticamente sensibles.

Medidas operativas, limitaciones y qué hacen las agencias actualmente

Las agencias espaciales y los operadores comerciales ya utilizan varias capas de protección. En cuanto al hardware, la electrónica endurecida contra la radiación, los sistemas redundantes y los refugios a bordo contra tormentas con blindaje de masa adicional reducen el riesgo agudo. Para las tripulaciones, las reglas de misión incluyen límites de dosis de radiación, procedimientos de refugio contra tormentas y opciones de aborto. Los monitores terrestres de la NOAA, la NASA y socios internacionales proporcionan alertas casi en tiempo real para que los controladores de misión puedan ordenar acciones de protección.

Sin embargo, los científicos afirman que se necesitan más datos y mejoras en la modelización. Una revisión reciente de la preparación ante eventos extremos de meteorología espacial enfatizó que, si bien podemos predecir algunos elementos de la actividad solar, aún carecemos de la resolución predictiva y la monitorización continua necesarias para pronosticar los peores eventos con confianza. Esa brecha es lo que motiva la investigación de señales de mayor alcance como las reportadas por el grupo de Velasco Herrera.

En última instancia, la elección de retrasar —o aceptar— un riesgo estadístico elevado implica juicios técnicos, políticas de seguridad de los astronautas y costes del programa. La historia demuestra que las agencias priorizan la seguridad de la tripulación; retrasar un lanzamiento por un motivo creíble de meteorología espacial sería impopular pero defendible. La opción opuesta —lanzar en una época de alto riesgo evitable— podría producir incidentes con repercusiones políticas y científicas durante años.

Qué significa esto a corto plazo

A corto plazo, las agencias seguirán confiando en los pronósticos basados en la física y a corto plazo del GOES y otros activos, y vigilarán de cerca al Sol. Si múltiples análisis independientes convergen en una probabilidad elevada para principios de 2026, la NASA y sus socios probablemente debatirán si adaptar el calendario de Artemis II o añadir medidas de protección conservadoras. Hasta entonces, el anuncio cumple un propósito útil: agudiza la atención sobre el Sol y recuerda a los planificadores que el entorno espacial es un peligro dinámico que puede y debe influir en los cronogramas de las misiones.

Fuentes

  • Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) — Investigación del Dr. Victor M. Velasco Herrera sobre superfulguraciones solares
  • Programa de satélites NOAA / GOES — registros de monitorización solar de rayos X geoestacionarios
  • NASA — programa Artemis y productos operativos de meteorología espacial
  • Comunidad de investigación y pronóstico del clima espacial (modelización y monitorización del clima espacial)
James Lawson

James Lawson

Investigative science and tech reporter focusing on AI, space industry and quantum breakthroughs

University College London (UCL) • United Kingdom

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Readers Questions Answered

Q ¿Qué es Artemis II y por qué la actividad solar podría afectar su ventana de lanzamiento?
A Artemis II es la primera misión tripulada de la NASA bajo el programa Artemis, que se lanzará no antes de abril de 2026 en el cohete Space Launch System con la nave espacial Orion para enviar a cuatro astronautas en una trayectoria de sobrevuelo lunar de 10 días. La actividad solar podría afectar su ventana de lanzamiento porque los eventos solares intensos, como las llamaradas y las eyecciones de masa coronal, aumentan los niveles de radiación, lo que representa riesgos para los astronautas y la electrónica de la nave fuera del campo magnético protector de la Tierra.
Q ¿Cómo afecta la actividad solar intensa a la seguridad de las naves espaciales y de los astronautas?
A La actividad solar intensa expone a las naves espaciales y a los astronautas a altos niveles de radiación, lo que puede dañar la electrónica, interrumpir las comunicaciones y aumentar los riesgos de cáncer o el síndrome de radiación aguda para los miembros de la tripulación. En el espacio profundo, sin la protección de la atmósfera y la magnetosfera de la Tierra, esta radiación penetra los cascos de las naves espaciales, lo que hace necesarias medidas de protección durante misiones como Artemis II.
Q ¿Por qué se describe principios de 2026 como un periodo de alto riesgo para un lanzamiento tripulado como el de Artemis II?
A El inicio de 2026 es un periodo de alto riesgo para lanzamientos tripulados como Artemis II porque coincide con el pico del Ciclo Solar 25, cuando la actividad solar —incluyendo llamaradas y eyecciones de masa coronal— se encuentra en su máximo, elevando los peligros de radiación. Este momento coincide con el lanzamiento previsto de la misión para abril de 2026, lo que aumenta la vulnerabilidad durante la exposición de la tripulación a entornos de espacio profundo.
Q ¿Qué son las llamaradas solares y las eyecciones de masa coronal y cómo influyen en las misiones espaciales?
A Las llamaradas solares son erupciones repentinas de radiación desde la superficie del Sol, mientras que las eyecciones de masa coronal (CME) son ráfagas masivas de viento solar y campos magnéticos que pueden desencadenar tormentas geomagnéticas. Estas influyen en las misiones espaciales al aumentar las dosis de radiación, lo que puede causar fallos en la nave espacial, errores de navegación y riesgos para la salud de los astronautas, especialmente más allá de la órbita terrestre baja.
Q ¿Qué medidas toman las agencias espaciales para mitigar el riesgo de radiación solar durante Artemis II?
A Agencias espaciales como la NASA monitorean la actividad solar utilizando satélites como SOHO y ACE para pronosticar eventos y ajustar los calendarios de lanzamiento o los cronogramas de las misiones. Para Artemis II, emplean el refugio contra tormentas de la nave Orion para la protección de la tripulación contra la radiación, ajustes de trayectoria en tiempo real y sistemas redundantes para garantizar la integridad de la nave espacial durante periodos de alto riesgo solar.

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