Un grupo de investigadores afirma haber verificado que un pequeño retal de tela manchado de sangre pertenece a Adolf Hitler y que ahora han secuenciado el ADN recuperado de este, según informa un equipo en un nuevo documental. El análisis, liderado públicamente por la genetista Turi King de la University of Bath, identifica una variante en el gen PROK2 que, según los investigadores, está asociada con el síndrome de Kallmann —un trastorno poco frecuente que puede retrasar la pubertad— y también reporta puntuaciones de riesgo poligénico elevadas para varias afecciones psiquiátricas. Estas afirmaciones han resonado en los círculos científicos y públicos debido a que el trabajo se ha difundido primero en un formato mediático en lugar de a través de un conjunto de datos científicos abiertos y una publicación revisada por pares.
los investigadores afirman haber verificado la muestra: procedencia y secuenciación
La disputada evidencia física comenzó su travesía de posguerra en 1945, cuando el coronel del ejército de los EE. UU. Roswell P. Rosengren retiró un trozo irregular de un sofá manchado de sangre en el búnker donde murió Hitler. Ese retal pasó más tarde a manos privadas y fue adquirido por un museo en los Estados Unidos. En el documental "Hitler's DNA: Blueprint of a Dictator", Turi King y sus colaboradores describen la comparación del ADN de la sangre de esa tela con el ADN de un pariente vivo de Hitler por línea paterna para establecer una coincidencia. La coincidencia, afirma el equipo, proviene de marcadores del cromosoma Y y proporciona la base para afirmar que la sangre pertenecía a Hitler.
King y sus colegas informan que la extracción y secuenciación de ADN antiguo o degradado requirió más de cuatro años de trabajo de laboratorio. Afirman que los datos resultantes incluyeron suficiente ADN humano para identificar variantes específicas, especialmente en el gen PROK2, y para calcular puntuaciones de riesgo poligénico en todo el genoma. Sin embargo, el estreno del documental no ha incluido hasta ahora las lecturas de secuencia crudas, las estadísticas de cobertura o las métricas estándar de contaminación y autenticidad que los genetistas suelen publicar en trabajos de ADN histórico. Esa carencia es la principal razón técnica por la que otros investigadores han instado a la cautela antes de aceptar las afirmaciones del equipo al pie de la letra.
Contexto e indicios históricos
La genética que destaca el equipo no se presenta de forma aislada; el documental vincula los hallazgos moleculares con notas médicas de archivo y testimonios de testigos presenciales. Un registro médico de la prisión durante el encarcelamiento de Hitler en 1923 supuestamente documentó una criptorquidia derecha —un testículo no descendido—, un signo físico que puede presentarse simultáneamente con afecciones del desarrollo relacionadas con las hormonas. Los historiadores y los asesores del documental señalan que tales registros hacen que una interpretación genética sea plausible, o al menos digna de investigación.
El síndrome de Kallmann es una afección congénita en la que los pacientes suelen tener niveles bajos de hormonas sexuales debido a la interrupción del desarrollo de ciertas neuronas que controlan la pubertad. En los varones, puede retrasar el inicio de la pubertad y, a veces, coincidir con testículos no descendidos; una minoría de casos se asocia con un pene de tamaño inferior al promedio. La presencia de una variante de PROK2 es coherente con las causas conocidas del síndrome de Kallmann, pero el diagnóstico genético requiere ordinariamente una correlación cuidadosa del tipo de variante, la cigosidad y la historia clínica, detalles que aún no están disponibles públicamente para este caso.
los investigadores afirman haber verificado los marcadores genéticos: PROK2 y riesgo poligénico
La afirmación molecular más llamativa es la identificación de una variante en PROK2, un gen implicado en el síndrome de Kallmann y en el hipogonadismo hipogonadotrópico congénito. Si esa variante particular es patogénica y estaba presente en Hitler, podría explicar plausiblemente el retraso en la pubertad y algunos de los signos físicos registrados en las notas médicas de archivo. El equipo de investigación también presentó cálculos de puntuaciones de riesgo poligénico que, al ser comparados con decenas de miles de genomas contemporáneos, situaron este genoma reconstruido en el extremo superior de riesgo para afecciones como la esquizofrenia, el trastorno del espectro autista y el trastorno bipolar.
Las puntuaciones de riesgo poligénico agregan miles de pequeños efectos genéticos en todo el genoma y pueden indicar el riesgo relativo a nivel poblacional. Como enfatizan los expertos en genética psiquiátrica en el documental y en otros medios, estas puntuaciones no son diagnósticas para individuos. Describen probabilidades y distribuciones, no resultados deterministas, y su valor predictivo depende estrechamente de la población de referencia y de la calidad de las llamadas de genotipos subyacentes. Esas advertencias son la razón por la que varios genetistas han instado a la moderación al interpretar puntuaciones elevadas en un solo individuo histórico.
Recepción científica y advertencias metodológicas
Expertos independientes han acogido con satisfacción la genómica histórica rigurosa, aunque advierten que la presentación actual no alcanza la transparencia científica habitual. Investigadores sénior de instituciones como el Francis Crick Institute han señalado la falta de información clave: datos de secuencia crudos, medidas de contaminación, profundidades de lectura en los sitios identificados y replicación independiente. Sin esos detalles, otros laboratorios no pueden evaluar si la identificación de PROK2 es sólida o si la contaminación con ADN humano moderno influyó en los cálculos de riesgo poligénico.
Dichos científicos también recomendaron que el equipo de investigación publique los resultados en una revista revisada por pares o, al menos, deposite una prepublicación y los datos de secuencia en repositorios públicos. Hacerlo permitiría a la comunidad científica en general aplicar las pruebas de autenticidad estándar utilizadas en estudios de ADN antiguo o degradado —por ejemplo, patrones de fragmentación y daño del ADN que distinguen el ADN antiguo de la contaminación reciente— y comprobar qué tan sensibles son las puntuaciones poligénicas a los datos faltantes o a los errores de secuenciación.
Ética, impacto público y por qué es importante
El proyecto plantea una serie de cuestiones éticas que van más allá de la técnica de laboratorio. El trabajo con ADN histórico afecta a la privacidad de los descendientes, las responsabilidades de los museos que custodian artefactos forenses y las consecuencias sociales de las narrativas genéticas. Varios comentaristas han advertido que vincular públicamente un comportamiento histórico violento con la genética corre el riesgo de estigmatizar a las personas que portan variantes similares o que viven con diagnósticos psiquiátricos en la actualidad.
Los investigadores que participan en el documental enfatizan que la genética es una explicación parcial, no suficiente, para comportamientos complejos, y que muchas fuerzas sociales, políticas e históricas crearon las condiciones para el genocidio y la dictadura. Aun así, la elección de presentar estos hallazgos primero a través de una película en lugar de canales científicos abiertos ha provocado un debate sobre el equilibrio adecuado entre la divulgación popular y el rigor científico. Una publicación responsable incluiría datos y métodos que permitieran a otros confirmar o refutar las afirmaciones y proporcionaría un contexto más completo sobre los límites de la inferencia genética.
Lo que queda por resolver
Quedan preguntas clave: qué tan completo y auténtico es el genoma reconstruido, si la variante PROK2 es definitivamente patogénica en este individuo y qué tan robustas son las comparaciones poligénicas ante la naturaleza fragmentaria del ADN histórico. El equipo detrás del documental afirma que el trabajo ha sido enviado a una revista de alto perfil, y sus miembros han planteado la película como parte narrativa y parte informe académico. Hasta que científicos independientes puedan inspeccionar las lecturas de secuencia y realizar sus propios análisis, las afirmaciones de que las acciones de alguien derivaron de variantes genéticas particulares seguirán siendo científicamente provisionales.
Para los historiadores, genetistas y el público, la lección más amplia es metodológica: el ADN puede iluminar detalles biográficos oscuros, pero no puede explicar la responsabilidad moral ni las dinámicas sociales que producen una atrocidad. Este episodio subraya la necesidad de datos transparentes, una interpretación cautelosa y un marco ético para estudiar los genomas de figuras históricas famosas o infames.
Fuentes
- University of Bath (Turi King, genetista)
- Francis Crick Institute (grupo de genómica antigua)
- Aarhus University (genética psiquiátrica)
- PubMed (literatura sobre PROK2 y síndrome de Kallmann)
- Gettysburg Museum of History (procedencia de artefactos)
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